domingo, 17 de marzo de 2013

SECUENCIAS ONÍRICAS


I

 

SECUENCIAS DE UN PRECIOSO SUEÑO MATINAL


(Madrid/27/IX/1998)

 

Primera escena. Me he despertado bastante pronto con signos de cansancio. Como habitualmente me acontece, hacia las 7 horas de la mañana empecé a dormir satisfactoriamente. Pero por poco tiempo y soñando. En la escena onírica me encontraba con mi hermano Ángel, el cual trataba de facilitarme una copia de dos artículos de periódico que me interesaban. Alguna persona más estaba en escena, pero se me ha borrado de la memoria. Al tratar yo de conseguir dicho texto, éste se transformaba en mis manos en una prenda de vestir con lo cual se desvaneció la secuencia onírica.

Segunda escena. No me desperté y a continuación siguió, como en una película virtual, la secuencia siguiente. De pronto me vi al lado de la cama de  mi padre Emiliano, enfermo en la Residencia de Ávila. A su derecha, en la cama y frente a frente conmigo, apareció el rostro de mi madre Delfina con cuya  mirada  vigorosa y dulce se cruzó la mía.

Tercera escena. Yo tenía a mi padre abrazado, como cuando le sujeto en la cama para que mi hermana María le haga los servicios asistenciales, y me apresuré a colocarle de forma que se encontrara frente a mi madre para que se vieran. Mi emoción fue grande cuando me di cuenta de que se habían cruzado sus miradas al tiempo que mi padre, al no poder hablar, le correspondía  a ella  con un gesto de conformidad con la cabeza. Mi alegría era inmensa al ser testigo de este encuentro y trataba yo de llamar a mi hermano Ángel para que también él  lo fuera. Pero en vano. Mi voz era la de un dormido y no podía articular sonidos reales. Intenté entonces forzar mi voz para que Ángel pudiera oírme y con el esfuerzo me desperté. 

Cuarta escena. Al despertarme me sentí cansado, pero pronto volví a quedarme dormido. Ahora nos encontrábamos mi hermana María y yo, como de costumbre, a un lado y otro de la cama de nuestro padre, dulcemente emocionados como si ya hubiera fallecido. Esta secuencia debió durar décimas de segundo y no consigo recordar más de su contenido onírico.  

 

II

 

SECUENCIAS DE OTRO SUEÑO SIENDO MI PADRE EL PROTAGONISTA

(Madrid, noche del /26-27/III/1999)

 

1) Fui, como de costumbre, a la Residencia de mi padre para asistirle encontrando la estructura del edificio bastante cambiada. 2) A pesar de ello, yo seguí por unos pasillos, que tampoco me resultaban del todo extraños, hasta dar con mi padre en su habitación.. 2) De pronto me encontré sentado con él en su cama teniéndole abrazado con mi brazo derecho. 3) En esta posición le miré de frente y me percaté de que hablaba con naturalidad. Me pareció oírle decir con toda claridad y como admirado de sí mismo algo así: "Es lo primero que digo después de dos años enfermo". 4) Ante la evidencia de que estaba hablando, me apresuré a llamar a mi hermana María, que se había ausentado por unos momentos, para que no se perdiera esta oportunidad de oír hablar de nuevo a nuestro padre. 4) Con la emoción desperté e inmediatamente traté de retener lo esencial de este feliz momento onírico.

 

III

 

SECUENCIAS DE OTRO SUEÑO CON EL FILÓSOFO JOSÉ ORTEGA Y GASSET COMO PROTAGONISTA

(22-23/Julio/2011)

 

          1. Mientras celebrábamos en casa un evento cultural me percaté de la presencia de un hombre sentado tomando notas al final del acto. Al verle me pareció que era José Ortega y Gasset lo cual me causó alegría por la posibilidad que se me ofrecía de saludarle. Luego me pareció que había otros dos señores que podían ser confundidos con José Ortega y Gasset por su gran parecido físico, pero no dudé de que Ortega y Gasset era el primero que yo había visto sentado tomando nota, y no los otros, sobre todo al ver que el P. Marcos Fernández Manzanedo le estaba saludando.

          2. En aquel momento me dirigí a mi habitación con el fin de tomar un par de libros míos y dedicárselos con unas palabras de agradecimiento por su visita. Pero, desafortunadamente, por más que los buscaba apresuradamente y con ansiedad en la estantería de mi habitación, antes de que D. José se ausentara, no lograba encontrarlos. Entonces decidí volver a donde le había descubierto para saludarle allí de palabra. Por otra parte me parecía poco verosímil que aquel personaje fuera José Ortega y Gasset el cual supuestamente había muerto muchos años antes. No obstante yo no quería perder la oportunidad de saludarle convencido de que realmente era él.

          3. La siguiente secuencia del sueño me llevó al Puerto del Pico, en Ávila, donde me encontraba contemplando un panorama muy bello mirando hacia el sur. Pero bajando del puerto por la vertiente norte reapareció la figura de Ortega y Gasset intercambiando saludos con unas personas sentadas. Fue entonces cuando, a pesar de mis dudas sobre su identidad, pero con mucho contento, me quedé a solas hablando con él. D. José, me permite el honor de darle las gracias…Y sin terminar yo de hablar me dijo algo como si me recordara de nuestros tiempos de la Universidad. Yo le dije con satisfacción que había vivido la experiencia de la filosofía como una vocación personal muy feliz haciendo uso correcto de la razón. Y él, también con satisfacción, hizo un comentario en voz baja destacando lo que la filosofía significa como ejercicio mental dando vueltas a las cosas y pensando en profundidad sobre ellas.

          4. Luego intenté preguntarle si él había dicho alguna vez que la fe le había abandonado, como yo había leído en una historia de la filosofía. Igualmente deseaba comentarle que yo había tenido la oportunidad de almorzar con su nieta Inés Ortega en casa de una amiga común americana. Pero al intentar hablar me desperté. Eran las 7 de la mañana y traté de reconstruir el sueño por escrito antes de que se borrara totalmente del disco duro del inconsciente.

 

IV

 

EL SUEÑO DE LA MUERTE

 

Esta experiencia onírica tuvo lugar durante una de mis gravísimas crisis de salud de las que he hablado en La cuesta de la vida y El otoño de la vida. Imagínese el lector la falda de una escarpada colina cubierta con un inmenso plástico resbaladizo en forma de tobogán. Pues bien, llegó la noche después de un día con mi estado de salud al borde del abismo en el hospital y ya entrada la noche quedé profundamente dormido cuando comenzó el espectáculo cuyas características esenciales fueron las siguientes. En primer lugar, a pesar de estar dormido, yo estaba convencido de que había muerto y que me encontraba ante una nueva realidad fuera de del tiempo y del espacio en este mundo. Luego empecé a deslizarme por la pendiente, no sin tropiezos en el camino, sin saber dónde ni cómo iba a terminar aquello. Por fin llegué al final del tobogán y me encontré con la gatita que vivía en el jardín de mi casa y a la que yo acostumbraba a prodigar caricias cuando me salía al encuentro. Al intentar decir algo a la gatita desperté y me di cuenta de que yo no había muerto sino que todo lo ocurrido había sido un sueño.

          Como observaciones importantes a lo que termino de describir me parece oportuno destacar lo siguiente. 1) Durante el descenso con obstáculos por el gigantesco tobogán antes descrito no sentí en ningún momento la presencia del miedo por lo que estaba ocurriendo o pudiera ocurrir después de mi imaginada muerte. 2) Igualmente no experimenté ninguna sensación de dolor. 3) Al despertar pensé si aquel sueño no era una confirmación “sui generis” de la existencia de una dimensión nueva de la existencia humana después de la muerte. La ausencia del miedo y del sufrimiento me llevó a reafirmarme en la convicción que tengo de que a esa nueva dimensión trascendente de la vida humana sólo será posible tener acceso por la vía del amor personal a Dios y a los hombres, tal como enseñó y practicó Jesucristo. Pero, como decía el poeta, los sueños, sueños son por lo que no hay que darles demasiada importancia. 4) Mucho se ha escrito sobre la interpretación de los sueños y la Biblia es un lugar privilegiado de casos e historias importantes relacionadas con los sueños. A este respecto yo sólo quiero destacar aquí que, según mi experiencia, hay sueños que son una prolongación inconsciente de los problemas y grandes preocupaciones pendientes con los que nos vamos a la cama. Otras veces los sueños son una satisfacción psicológica en el inconsciente de grandes deseos que no se han podido satisfacer en la vida real. La característica común de los sueños es que al quedarnos dormidos se desactiva la razón y nuestros sentimientos y deseos encuentran la forma psicológica de presentarse al margen de la realidad y de la razón. Por esto, cuando se dice que los sueños no son más que eso: sueños, se pone de manifiesto la necesidad de no confundirlos con la realidad. Pero al mismo tiempo los sueños son un fenómeno psicológico real que nos ayuda conocer la dinámica de la conciencia y del inconsciente en relación con nuestras vivencias más profundas. ¡Soñar, imaginar! Sí, pero con los pies en la tierra y pasando nuestros sentimientos y emociones por el filtro de la realidad y de la razón.  NICETO BLÁZQUEZ, O.P. (Madrid, 17/III/2013).