I
SECUENCIAS DE UN PRECIOSO SUEÑO MATINAL
(Madrid/27/IX/1998)
Primera escena.
Me he despertado bastante pronto con signos de cansancio. Como habitualmente me
acontece, hacia las 7 horas de la mañana empecé a dormir satisfactoriamente.
Pero por poco tiempo y soñando. En la escena onírica me encontraba con mi
hermano Ángel, el cual trataba de facilitarme una copia de dos artículos de
periódico que me interesaban. Alguna persona más estaba en escena, pero se me
ha borrado de la memoria. Al tratar yo de conseguir dicho texto, éste se
transformaba en mis manos en una prenda de vestir con lo cual se desvaneció la
secuencia onírica.
Segunda escena.
No me desperté y a continuación siguió, como en una película virtual, la
secuencia siguiente. De pronto me vi al lado de la cama de mi padre Emiliano, enfermo en la Residencia
de Ávila. A su derecha, en la cama y frente a frente conmigo, apareció el
rostro de mi madre Delfina con cuya
mirada vigorosa y dulce se cruzó
la mía.
Tercera escena.
Yo tenía a mi padre abrazado, como cuando le sujeto en la cama para que mi
hermana María le haga los servicios asistenciales, y me apresuré a colocarle de
forma que se encontrara frente a mi madre para que se vieran. Mi emoción fue
grande cuando me di cuenta de que se habían cruzado sus miradas al tiempo que
mi padre, al no poder hablar, le correspondía
a ella con un gesto de
conformidad con la cabeza. Mi alegría era inmensa al ser testigo de este encuentro
y trataba yo de llamar a mi hermano Ángel para que también él lo fuera. Pero en vano. Mi voz era la de un
dormido y no podía articular sonidos reales. Intenté entonces forzar mi voz
para que Ángel pudiera oírme y con el esfuerzo me desperté.
Cuarta escena.
Al despertarme me sentí cansado, pero pronto volví a quedarme dormido. Ahora
nos encontrábamos mi hermana María y yo, como de costumbre, a un lado y otro de
la cama de nuestro padre, dulcemente emocionados como si ya hubiera fallecido.
Esta secuencia debió durar décimas de segundo y no consigo recordar más de su
contenido onírico.
II
SECUENCIAS DE OTRO SUEÑO SIENDO MI PADRE
EL PROTAGONISTA
(Madrid, noche del /26-27/III/1999)
1)
Fui, como de costumbre, a la Residencia de mi padre para asistirle encontrando
la estructura del edificio bastante cambiada. 2) A pesar de ello, yo seguí por
unos pasillos, que tampoco me resultaban del todo extraños, hasta dar con mi
padre en su habitación.. 2) De pronto me encontré sentado con él en su cama
teniéndole abrazado con mi brazo derecho. 3) En esta posición le miré de frente
y me percaté de que hablaba con naturalidad. Me pareció oírle decir con toda
claridad y como admirado de sí mismo algo así: "Es lo primero que digo
después de dos años enfermo". 4) Ante la evidencia de que estaba hablando,
me apresuré a llamar a mi hermana María, que se había ausentado por unos
momentos, para que no se perdiera esta oportunidad de oír hablar de nuevo a
nuestro padre. 4) Con la emoción desperté e inmediatamente traté de retener lo
esencial de este feliz momento onírico.
III
SECUENCIAS DE OTRO SUEÑO CON EL FILÓSOFO
JOSÉ ORTEGA Y GASSET COMO PROTAGONISTA
(22-23/Julio/2011)
1. Mientras celebrábamos en casa un
evento cultural me percaté de la presencia de un hombre sentado tomando notas
al final del acto. Al verle me pareció que era José Ortega y Gasset lo cual me
causó alegría por la posibilidad que se me ofrecía de saludarle. Luego me
pareció que había otros dos señores que podían ser confundidos con José Ortega
y Gasset por su gran parecido físico, pero no dudé de que Ortega y Gasset era
el primero que yo había visto sentado tomando nota, y no los otros, sobre todo
al ver que el P. Marcos Fernández Manzanedo le estaba saludando.
2. En aquel momento me dirigí a mi
habitación con el fin de tomar un par de libros míos y dedicárselos con unas
palabras de agradecimiento por su visita. Pero, desafortunadamente, por más que
los buscaba apresuradamente y con ansiedad en la estantería de mi habitación,
antes de que D. José se ausentara, no lograba encontrarlos. Entonces decidí
volver a donde le había descubierto para saludarle allí de palabra. Por otra
parte me parecía poco verosímil que aquel personaje fuera José Ortega y Gasset
el cual supuestamente había muerto muchos años antes. No obstante yo no quería
perder la oportunidad de saludarle convencido de que realmente era él.
3. La siguiente secuencia del sueño me
llevó al Puerto del Pico, en Ávila, donde me encontraba contemplando un
panorama muy bello mirando hacia el sur. Pero bajando del puerto por la
vertiente norte reapareció la figura de Ortega y Gasset intercambiando saludos
con unas personas sentadas. Fue entonces cuando, a pesar de mis dudas sobre su
identidad, pero con mucho contento, me quedé a solas hablando con él. D. José,
me permite el honor de darle las gracias…Y sin terminar yo de hablar me dijo
algo como si me recordara de nuestros tiempos de la Universidad. Yo le dije con
satisfacción que había vivido la experiencia de la filosofía como una vocación
personal muy feliz haciendo uso correcto de la razón. Y él, también con
satisfacción, hizo un comentario en voz baja destacando lo que la filosofía
significa como ejercicio mental dando vueltas a las cosas y pensando en
profundidad sobre ellas.
4. Luego intenté preguntarle si él
había dicho alguna vez que la fe le había abandonado, como yo había leído en
una historia de la filosofía. Igualmente deseaba comentarle que yo había tenido
la oportunidad de almorzar con su nieta Inés Ortega en casa de una amiga común
americana. Pero al intentar hablar me desperté. Eran las 7 de la mañana y traté
de reconstruir el sueño por escrito antes de que se borrara totalmente del
disco duro del inconsciente.
IV
EL SUEÑO DE LA MUERTE
Esta
experiencia onírica tuvo lugar durante una de mis gravísimas crisis de salud de
las que he hablado en La cuesta de la
vida y El otoño de la vida. Imagínese
el lector la falda de una escarpada colina cubierta con un inmenso plástico
resbaladizo en forma de tobogán. Pues bien, llegó la noche después de un día
con mi estado de salud al borde del abismo en el hospital y ya entrada la noche
quedé profundamente dormido cuando comenzó el espectáculo cuyas características
esenciales fueron las siguientes. En primer lugar, a pesar de estar dormido, yo
estaba convencido de que había muerto y que me encontraba ante una nueva
realidad fuera de del tiempo y del espacio en este mundo. Luego empecé a
deslizarme por la pendiente, no sin tropiezos en el camino, sin saber dónde ni
cómo iba a terminar aquello. Por fin llegué al final del tobogán y me encontré con
la gatita que vivía en el jardín de mi casa y a la que yo acostumbraba a
prodigar caricias cuando me salía al encuentro. Al intentar decir algo a la
gatita desperté y me di cuenta de que yo no había muerto sino que todo lo
ocurrido había sido un sueño.
Como observaciones importantes a lo que
termino de describir me parece oportuno destacar lo siguiente. 1) Durante el
descenso con obstáculos por el gigantesco tobogán antes descrito no sentí en
ningún momento la presencia del miedo
por lo que estaba ocurriendo o pudiera ocurrir después de mi imaginada muerte.
2) Igualmente no experimenté ninguna sensación de dolor. 3) Al despertar pensé si aquel sueño no era una confirmación
“sui generis” de la existencia de una dimensión nueva de la existencia humana
después de la muerte. La ausencia del miedo y del sufrimiento me llevó a
reafirmarme en la convicción que tengo de que a esa nueva dimensión
trascendente de la vida humana sólo será posible tener acceso por la vía del
amor personal a Dios y a los hombres, tal como enseñó y practicó Jesucristo. Pero,
como decía el poeta, los sueños, sueños son por lo que no hay que darles
demasiada importancia. 4) Mucho se ha escrito sobre la interpretación de los
sueños y la Biblia es un lugar privilegiado de casos e historias importantes
relacionadas con los sueños. A este respecto yo sólo quiero destacar aquí que,
según mi experiencia, hay sueños que son una prolongación inconsciente de los
problemas y grandes preocupaciones pendientes con los que nos vamos a la cama.
Otras veces los sueños son una satisfacción psicológica en el inconsciente de
grandes deseos que no se han podido satisfacer en la vida real. La característica
común de los sueños es que al quedarnos dormidos se desactiva la razón y
nuestros sentimientos y deseos encuentran la forma psicológica de presentarse
al margen de la realidad y de la razón. Por esto, cuando se dice que los sueños
no son más que eso: sueños, se pone de manifiesto la necesidad de no
confundirlos con la realidad. Pero al mismo tiempo los sueños son un fenómeno
psicológico real que nos ayuda conocer la dinámica de la conciencia y del
inconsciente en relación con nuestras vivencias más profundas. ¡Soñar,
imaginar! Sí, pero con los pies en la tierra y pasando nuestros sentimientos y
emociones por el filtro de la realidad y de la razón. NICETO BLÁZQUEZ, O.P. (Madrid, 17/III/2013).
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